11 oct. 2010

La transmisión generacional del trauma



Por Miguel Angel Pichardo Reyes

Nuestro planteamiento sostiene que ésta violencia supone un tipo de elaboración traumática que va constituyendo subjetividades: personas víctimas-sobrevivientes. Este hecho es fundamental en tanto que supone un abordaje, ya no psicosocial, sino ético-crítico. La existencia de personas víctimas por acontecimientos fabricados socialmente y maquiavélicamente realizados contra sectores y poblaciones de la sociedad, supone una lógica ética y psicoanalíticamente perversa.

Y como todo trauma supone una cadena de eventos, éstos se van anclando, enraizando en la realidad intersubjetiva, van constituyendo al sujeto, inaugurando nuevos estadios de organización, fundando nuevas identidades. El trauma no termina ni en el acontecimiento y ni en la elaboración, reelaboración y perelaboración. El trauma se repite crónicamente, en su transmisión generacional, ya sea por linaje, por las instituciones, las identidades, o por su omisión y olvido.

Veamos más de cerca esta transmisión generacional del trauma, especialmente aquella que se realiza a través de la familia y la violencia familiar.

Cristina Bottinelli desarrolla:

La transmisión transgeneracional implica que los hijos hacen suyos los deseos, tristezas, miedos y situaciones traumáticas de sus padres, identificándose con sus necesidades y recuerdos (conscientes o no), cumpliendo sus funciones y tareas inconclusas. (Bottinelli, M.: 2000. pag. 133)

El incumplimiento de tareas inconclusas se transmite como mandato, como una reproducción dionisiaca de una ley, de una mismidad. Repetición de aquello que no se pudo concluir. Esta conclusión es precisamente la imposibilidad de simbolización de lo real externo a la subjetividad, aquello que deviene como siniestro.

Aquí se pone en juego otro concepto, la resolución del trauma. El trauma como acontecimiento, el trauma como proceso de elaboración, y la transformación del trauma, o sea, su resolución. El trauma inconcluso es el que se transmite a través del silencio del olvido o el secreto, el mito y los rituales.

En el nivel colectivo y transgeneracional del trauma psicosocial, el mandato deviene institución, el secreto se transfigura en narración desde el poder, en la versión de los vencedores, el mito en ideología, y los rituales en identidad.

En este sentido, el trauma no sólo representa un problema de salud pública, sino un problema sociopolítico que debe ser asumido en su auténtica magnitud, en su magma totalizadora. El trauma se va convirtiendo en el colonizador del mundo de vida.

1 comentario:

  1. Claro que no se puede sanar un trauma si primero no se identifica. Muy buena explicación. Gracias!

    ResponderEliminar