12 oct. 2010

Cuerpos mutilados: el discurso narcoterrorista y la economía pulsional


Por Miguel Angel Pichardo Reyes

Las recientes exhibiciones públicas de cuerpos mutilados y decapitados debido al ajuste de cuentas entre grupos delictivos de narcotraficantes en la Zona Metropolitana de Guadalajara, es sólo una muestra de los rasgos psicopáticos producto del aparato social e ideológico. La morbosidad de estos actos gratuitos de sadismo no sólo son demostraciones de la crueldad da la que pueden ser capaz estos grupos, sino que son también un síntoma del conflicto psicosocial que se debate en el campo de las instituciones sociales, desde la familia, pasando por la educación, hasta las instancias de procuración de justicia. Síntoma de un discurso perverso que sobresale por su cinismo frente a los hipócritas intentos de combatir la delincuencia.

Sin embargo la producción de estos síntomas no hay que buscarla en la ya desgastada maquinaria gubernamental, sino en los discursos ideológicos de los medios de comunicación que fungen de administradores de las fantasías de ganancia, poder y estatus frente a la deprimente realidad de pobreza y desigualdad a la cual se enfrentan las nuevas y viejas generaciones. No nos debe extrañar el vinculo entre la frustración que puede causar la imposibilidad de un sujeto que observa el aparador de una tienda de ropa en un concurrido centro comercial, con los morbosos actos de mutilación que se exhiben a plena luz del día en una importante avenida de Guadalajara. ¿Cuál es la conexión insólita entre uno y otro?

La satisfacción de un deseo inducido por el aparato ideológico y la frustración que produce un mínimo sentido de realidad, ante la cual se busca transgredir por medio de un nuevo vínculo (delictivo) que proporcione poder y capacidad adquisitiva para un consumo sin límites. ¿La pulsión que antecede a una compra compulsiva puede ser la misma que la que precede al homicidio compulsivo? Bien, aunque no se trate de la misma pulsión, si se trata de la misma economía pulsional, así como del mismo proceso de producción de la subjetividad.

La explotación económica y el engaño mercadológico que se transmite a través del discurso del consumo, lleva consigo la misma lógica de explotación del ser humano en pos del cumplimiento cabal de un mandato superyóico que produce el mercado para el consumo compulsivo de un “ello” cada vez más fuerte frente a un “yo” cada vez más débil.

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