15 oct. 2010

Reconstrucción del trauma psicosocial: transformación, reelaboración y reestablecimiento


Por Miguel Angel Pichardo Reyes

El trauma configura una realidad de ruptura, esto es, las relaciones sociales se ven fracturadas. Las instituciones se ven desbordadas, incapacitadas para hacer frente a esta realidad, ya que ellas también forman parte de esta fractura. El trauma psicosocial adquiere aquí su sentido más conocido; la desintegración del tejido social y comunitario.

El tejido social tiene un fundamento cognitivo-afectivo, fuera del cual no es posible el “tejido social”: la confianza. La pérdida de la confianza social es el disparador de dispositivos psicosociales que continua fracturando el tejido social; los prejuicios, la polarización social, la competencia, la negación del “otro”, como diferente, como distinto. La pérdida de confianza también trae consigo la desesperanza y la incertidumbre sobre el entorno y el futuro.

Ante esta problemática es necesario realizar acciones que respondan a estos desafíos, por lo que la pregunta de ¿qué hacemos para prevenir la violencia? ha llegado demasiado tarde. La violencia y sus efectos traumáticos han transgredido nuestra capacidad de respuesta y contención, la violencia nos desborda. Entonces, para no partir de falsos supuestos, la pregunta se replantea como ¿qué hacemos para solucionar estos traumas, mitigar sus daños y evitar su transmisión e institucionalización generacional?

La reconstrucción trata de responder a esta pregunta. Por esto se proponen varios tipos de reconstrucción: la reconstrucción como resolución del trauma, la reconstrucción como reelaboración de lo heredado (silencios, secretos, rituales, mitos), y la reconstrucción como el restablecimiento de las relaciones sociales (confianza, cooperación, solidaridad, reciprocidad).

En términos generales, la reconstrucción social es una terapéutica social aplicada al trauma psicosocial. Galtung (1998, pags. 67-76) propone cuatro enfoques de la reconstrucción social: el enfoque del pesar colectivo (rehabilitación), el enfoque desarrollista (reconstrucción), el enfoque de la estructura de paz (reestructuración), y el enfoque de la cultura de paz (reculturización). Si bien Galtung realizó esta sistematización pensando en los efectos visibles e invisibles de las guerras, nosotros proponemos otros enfoques (inspirados en los de Galtung) para el abordaje de los efectos invisibles de la violencia familiar, sexual y de género, o violencia cotidiana.

La reconstrucción como transformación del trauma psicosocial es uno de los enfoques para el abordaje de la violencia familiar, sexual y de género. Toda política social que trate de abordar el problema de la violencia cotidiana en su radicalidad (sus raíces) debe contar con estos datos para su transformación.

El trauma puede devenir como una repetición dionisiaca que desinstala la subjetividad, o el trauma transformado, negociado y resuelto, que potencia nuestra capacidad para una resistencia creadora (resiliencia).

La reconstrucción como reelaboración del trauma heredado representa otro de los enfoques para la reculturización. Teniendo en cuenta que las herencias se institucionalizan, se vuelven cultura, repetición de las reminiscencias del trauma original. La reelaboración implica su rememoración y resignificación colectiva de este trauma, reconociendo e identificando los secretos, los ritos y los mitos que han constituido nuestra subjetividad, nuestra colectividad. Implica un trabajo de reeducación, de transformación de normas, valores y creencias. Proceso largo pero ineludible al momento de querer sanar las heridas heredadas, los mandatos de los traumas no resueltos.

La reconstrucción como el restablecimiento de las relaciones fracturadas por la violencia es el enfoque más conocido y desarrollado. El trauma, en tanto herida o fisura supone un rompimiento de las relaciones sociales que soportan y posibilitan la sobrevivencia. Entonces se tiene que mirar hacia aquellas rupturas que favorecen la representación traumática: la reproducción de la violencia, el miedo, la inseguridad, la competencia, los prejuicios, el fundamentalismo, la rigidez ideológica, la desarticulación de las redes y la capacidad de resistencia activa, entre otros.

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