22 oct. 2010

Memoria y olvido traumático


Por Miguel Angel Pichardo Reyes

Hablar de memoria y Memoria, también nos lleva a hablar de olvido y Olvido. Tema por demás complejo, especialmente para una ética de la memoria, donde el Olvido se plantea como un silenciamiento, un ocultamiento o amnesia que se impone como la razón de los vencedores. Rajchenberg y Héau-Lambert, realizan la siguiente aproximación a esta complejidad:

“El trabajo de memoria no sólo consiste en registrar para recordar, sino también para olvidar. ¿Hubieran podido vivir los sobrevivientes del holocausto si no hubieran procurado olvidar los horrores de la persecución, del genocidio y del universo concentracionario? Evidentemente, una experiencia tan dramática no pude ser borrada, sino callada para que el grupo pueda existir sin tener que portar las imágenes del holocausto. El olvido es, en el campo de la memoria, el equivalente a la relación que hay entre la palabra y el silencio. Como es sabido, así como el silencio es palabra porque está cargada de significado, el olvido es parte del trabajo de memoria. El olvido no es amnesia, hoyo negro de la memoria; es el silencio en la memoria, diferente también de la desmemoria.” (Rajchenberg y Héau-Lambert: 2000, pp.26-27).

Es en este inter, entre la memoria traumática y el olvido traumático (como negación) donde entra en escena el perdón para sanar el olvido traumático. “[...] el olvido es parte de la memoria y la memoria no puede ser total. Es necesario por tanto afirmar el lugar del olvido. Si no se puede olvidar no se puede perdonar. Ha de haber un cierto olvido y un olvido cierto: algo ha de olvidarse y ese algo es identificable. Aventuramos la idea de que el sano olvido presente en el perdón ha de ser precisamente el del dolor y sufrimiento vividos y, por tanto, también el odio derivado de los mismos.” (Bilbao: 1999, p.21). De aquí podemos distinguir a la memoria traumática que nos encadena al pasado, de la memoria sanada, la cual supone el sano olvido, tanto del dolor sufrido como del odio consecuente.

Galo Bilbao Alberdi (1999, p. 21) propones tres características de la memoria mediada por el perdón:

a)    Una memoria imperfecta que posibilite la creatividad y su constante construcción y resignificación.
b)   Una memoria sanada, que recuerda la injusticia pasada para que no se repita y que recuerda precisamente la injusticia como perdonada.
c)    Una memoria inmanipulable y exigente para todos, que sirva no para ocultar las injusticias actuales sino precisamente para evitarlas.

Entre la memoria sanada y el sano olvido se encuentra el perdón: “es bueno recordar la ofensa para que no vuelva a repetirse, pero ha de recordarse como perdonada”. (Bilbao: 1999, p. 22). De esta forma el olvido no es negación de la ofensa. El sano olvido (mediado por el perdón) “no es posible si tratamos de negar la evidencia de la ofensa sufrida y el dolor que ésta ha generado. No podemos exigirnos renunciar a una parte de nosotros mismos de esa manera, sería automutilarnos en cierta forma. Sólo reconociendo el sufrimiento que nos ha provocado la ofensa estamos en condiciones de iniciar el camino del perdón.” (Bilbao: 1999, p. 22).

1 comentario:

  1. esto me cirvio mas o menos por que se me quito de la mente pero a ratos me vuelve que are para quitarmelo

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