16 nov. 2010

Las heridas genealógicas


Por Miguel Angel Pichardo Reyes

En el proceso de sanación de heridas he visto la conveniencia del trabajo sobre aquello que he dominado “las heridas genealógicas”. Una herida genealógica, cómo su nombre lo indica, es un acontecimiento amenazante que se ha transmitido transgeneracionalmente como parte del sistema familiar. El sujeto se inserta desde su nacimiento en este linaje de transmisiones traumáticas, y es allí, en el seno familiar donde se estable el vínculo que nutrirá ese ADN emocional. De esta forma, en el trabajo clínico, tanto grupal como individual, he constatado cómo las heridas arqueológicas y antropológicas no son nuevas, sino que son reediciones de las heridas de generaciones pasadas.

Personas que en el curso del proceso de sanación de heridas hemos identificado con la herida primordial del abandono, posteriormente llegan a sorprenderse de que ellas no fueron las primeras abandonadas, sino que en su genealogía esto ha sido una “práctica vincular”. La incredulidad de muchas personas para escudriñar su pasado genealógico se ve trastocado por la sorpresa y la increíble coincidencia que tiene su actual vida con la de algún miembro familiar del pasado. Esta visión también nos abre panoramas para lo que podríamos denominar como la sanación de las heridas genealógicas, pues aunque resulte imposible regresar al pasado, lo cierto que es que todo ese pasado se encuentra contenido de forma inconsciente en el sistema familiar, los vínculos y en la propia subjetividad. Sanar las heridas genealógicas supone, en este orden de ideas, la sanación de la memoria genealógica inconsciente.

El proceso de sanación de las heridas genealógicas inicia por el acto del reconocimiento, y esto se realiza a través de rastrear la memoria genealógica, preguntando a los parientes sobre los nombres, orígenes, eventos y vínculos de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc., hasta donde alcance la memoria familiar presente. La recolección de esta información por sí misma ayuda precisamente a destapar y elaborar esa memoria. Al momento de recabarla y ordenarla, viene una labor de análisis, y es aquí donde la persona se percata, se da cuenta de las repeticiones neuróticas en su sistema familiar. La herida antecede la propia historia traumática, pues nos ha sido transmitida inconscientemente. Este análisis y este darse cuenta ya es una forma de sanación de las heridas genealógicas, y se llega a su plena sanación cuando se comprenden los motivos de estas heridas y se desenlazan de la propia historia para no repetirlas.

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