21 sept. 2010

Resolución somática del trauma



Por Miguel Angel Pichardo Reyes
Medusa. Psicotraumatología y Violencia

La victimización traumática
Desde 1998 he venido trabajando en la atención psicosocial y psicoterapéutica con personas traumatizadas por diferentes tipos de violencia. Primero trabaje en un centro de derechos humanos donde atendí a víctimas de la violencia política ejercida por el Estado, entre ellos atendí a personas, grupos y comunidades en contextos de conflicto (UNAM, Atenco, Chiapas, Morelos, etc.). Posteriormente trabaje en otra asociación civil atendiendo a niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos víctimas del abuso sexual y la violación sexual, y a la par atendí en mi propio consultorio a personas víctimas de secuestro. Mi experiencia en la atención de estas personas sometidas a situaciones de traumatización extrema, me permitió aprender mucho sobre la resistencia, la resiliencia y la capacidad de “curación” de lo que la psiquiatría moderna a clasificado como el Síndrome de Estrés Pos-Traumático (SEPT).

Durante el tratamiento y la observación del desarrollo del cuadro clínico, pude constatar como intervenían diferentes factores psicosociales en la respuesta resolutiva del trauma y del estrés. De esta observación surge la clasificación entre una victimización traumática y otra victimización transitiva o no-traumática. Esto supone de principio, considerar que no toda victimización es traumática, pero también que no toda traumatización es victimal (accidentes y desastres naturales). El fenómeno de la victimización sólo es posible comprenderla en el marco de las relaciones de poder, la ideología y los mecanismos psicosociales de control y coerción social. En el contexto global capitalista-neoliberal, los movimientos de liberación han sido el principal blanco de la victimización política por parte del Estado. Durante varias décadas América Latina ha sufrido una constante de golpes de Estado, dictaduras, guerras civiles, revoluciones, masacres, etc., dejando una constelación de traumas psicosociales e históricos que han quedado en la impunidad. La victimización traumática ha impactado de tal forma a los diferentes sistemas sociales que es posible hablar de comunidades traumatizadas que transmiten transgeneracionalmente los traumas psicosociales no resueltos.

Sin embargo también nos encontramos con la victimización transitoria, o aquella donde las personas, grupos o comunidades han podido resolver favorablemente el trauma y han construido un estadio superior de organización sistémica. Esta no traumatización no tiene que ver tanto con el evento traumático, sino con los recursos personales y psicosociales para afrontar, absorber y resolver el trauma. La pregunta que surge de esta diferencia consiste en plantear los factores que posibilitan la traumatización y los que llevan a una resolución satisfactoria del trauma.

El núcleo traumático no resuelto
Como hemos mencionado, es probable haber experimentado un evento traumático sin que por esto se desarrolle un “desorden de estrés pos-traumático”, lo cual significa que la naturaleza del propio evento traumático no es suficiente para desarrollar un trauma, sino que es necesario tener en consideración la respuesta resolutiva que lleva a cabo la persona al momento de afrontar el evento traumático. Las estrategias resolutivas de huida, lucha e inmovilización han sido reconocidas como aquellas que permiten la sobrevivencia y la resolución de estrés acumulado por el evento amenazante. Sin embargo, es posible, como sucede culturalmente, que la respuesta de inmovilización se congele por asociación con el terror paralizante, lo cual no permite una resolución fisiológica de la energía, sino que genera un círculo vicioso alrededor del miedo-terror.

Esta incapacidad de liberar y resolver la reacción traumática es la que generará un impacto traumático. En este sentido, la clave esta en liberar y resolver la reacción fisiológica y la respuesta resolutiva de afirmación y agresividad frente al evento amenazante. El bloqueo a la liberación y la resolución vienen determinados por diferentes factores psicosociales, tales como los estilos de afrontamiento pasivos, por indefensión aprendida, por mecanismos sociales de represión, por la ausencia de habilidades y competencias resolutivas, así como por el poco desarrollo de la capacidad de respuesta y orientación fisiológica de adaptación. Aunado a esto se encuentra la predisposición ideológica o cognitiva para afrontar el trauma, así como los recursos sociales de apoyo, absorción y elaboración.


Liberar, resolver y transformar el trauma
El congelamiento de la respuesta traumática por la asociación con el terror y el miedo paralizante, es el primer eslabón por resolver, ayudando al paciente a sensibilizar su percepción somática y a reactivar sus respuestas de liberación del estrés a través de medios fisiológicos, tales como la descarga motora a través del movimiento, la voz y la vibración. Un segundo eslabón se centra en recuperar la fuerza, la seguridad y la agresividad necesaria para llevar a cabo una respuesta de lucha, liberando la energía acumulada a nivel fisiológico. La habilitación de esta fuerza fisiológica ayudara a la percepción somática de fuerza y arraigo en las extremidades inferiores, origen de la sensación de soporte, fuerza y sostenimiento. El tercer eslabón consiste en resolver en el presente los traumas inconclusos del pasado, liberando las reacciones fisiológicas, habilitando las respuestas agresivas y resolviendo fisiológicamente el estrés acumulado, permitiendo el descongelamiento del núcleo traumático de inmovilización-terror. Y como último eslabón, es necesario incorporar y generalizar en el presente estas respuestas resolutivas, ayudando a transformar el estrés en fuerza vital potenciadora de gozo y disfrute somático.

Llegados a este punto, es posible advertir la “curación” del trauma a través de esta serie de procesos corporales de liberación, resolución y transformación somática. Para responder a la pregunta ¿se puede curar el trauma? No sólo es posible responder afirmativamente, sino replantear el trauma como una fuente de transformación individual y social que lleva a nuevos niveles de desarrollo.

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