16 ago. 2012

La familia sexualmente abusiva



La familia sexualmente abusiva
Por Miguel Angel Pichardo Reyes

Los sistemas organizados por traumas se encuentran conformados por los miembros de la familia, quienes han sido subjetivados por este sistema en tanto productor de subjetividad, dejando la impronta del incesto, haciendo de la familia un espacio potencialmente peligroso para los niños y las niñas. En todo caso, serán los elementos masculinos de la familia en quienes se cristalice una caracteropatía perversa del abuso sexual. En el caso de los miembros femeninos la caracteropatía pasara por otras vías psíquicas, lo cual no excluye otras formas de abuso, sadismo o negligencia.

Las formas de abuso sexual infantil incestuoso que recobran mayor importancia por las implicaciones en la estructuración psíquica del niño o la niña, se encuentran en las figuras del hermano, el padrastro o el padre. Estas figuras serán sumamente conflictivas para el o la sobreviviente, aún y cuando la distancia del suceso suponga varias décadas. El lugar del padre, el padrastro y el hermano, supone un orden que los coloca dentro de campo familiar como quienes proveen seguridad económica, protección física y cuidados. Cuando el fantasma incestuoso irrumpe, las representacione anteriores quedan fracturadas, a veces en un suspenso disociativo que supondrá un conflicto irresoluble para quienes han sobrevivido. La lucha entre el amor y el odio, la confianza y la traición, el placer y la culpa, la excitación y la represión, se convertirán en paradojas que necesitaran ser desmontadas y desactivadas en un proceso psicoterapéutico profundo.

El perfil de un abusador sexual incestuoso nos lleva al campo psicopatológico de las caracteropatías perversas, ya sean seductoras o sádicas, sin duda este tipo caracterológico es sumamente maligno en sus relaciones vinculares, pues el abuso, el egoísmo, el control y el dominio, el maltrato y la agresión, la mentira, el engaño, son rasgos que ponen en peligro a las personas que dependen de ellos.

A la mayoría de los abusadores sexuales incestuosos los podremos ubicar dentro de las organizaciones límites, adquiriendo por lo menos un polo de gravedad que variara entre los extrovertidos más psicopáticos y antisociales, y los introvertidos más esquizoides y paranoides, pero sin lugar a dudas nos encontraremos con una perversión del carácter.

La transgresión de la ley prohibitiva del incesto lleva a estos elementos de la familia a la trasgresión de los límites materiales de la subjetividad, esto es, a la corporalidad sexuada, convertida libidinalmente en objeto de satisfacción del fantasma perverso llevado a la realidad. Dicha transgresión supone el acceso al goce prohibitivo, acceso que supondrá la anulación del otro en tanto sujeto o persona. El niño o la niña son objetos de satisfacción, sometidos a la ley privada de la perversión, amenazados por un discurso sádico que lleva al maltrato y la tortura psicológica. Lógica perversa devastadora para la vulnerable subjetividad del niño o la niña: hija(o), hijastra(o), hermana(o).

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