30 jul. 2012

El fantasma incestuoso del abuso sexual



El fantasma incestuoso del abuso sexual
Por Miguel Angel Pichardo Reyes

Sabemos que la interacción sexual entre un niño o niña y un adulto, adopta varias formas, muchas de ellas no suponen un abuso sexual, muy al contrario, son interacciones necesarias para el óptimo desarrollo psicosexual del menor. Nos referimos a los modos de maternaje y paternaje, funciones donde se inviste libidinalmente los objetos deseados. En este caso, el niño o la niña pasa por un revestimiento libidinal, una fuerza energética que supone la inversión de una carga energética en un objeto. Dicha descarga energética es operada a través del contacto corporal, de palabras dirigidas al objeto, pero también de las fantasías donde se coloca ese objeto idealizado.

Ser objeto de investiduras libidinales supone para el niño o la niña, una experiencia de subjetivación, pues ese objeto externo deviene sujeto al momento de ser incorporado al campo fantasmatico y libidinal de los padres. Este ingreso es completamente sexual, en el sentido propiamente libidinal. Ahora bien, esta incorporación libidinal que constituye al sujeto en la trama mamá-hijo(a)-papá, será la precondición de la cualidad del vínculo libidinal. Es aquí, en este proceso o modo de producción libidinal del sujeto, donde la carga libidinal desplegada por los madres puede adquirir una orientación perversa. Dicha orientación no necesariamente se objetivara en un tocamiento o violación, pero si de un atrapamiento de una mirada lasciva, o en la confusión de los roles sexuales, o en el ofrecimiento de la hija como mercancía de cambio. La cualidad de estas envoltura libidinales de las cuales son objeto los niños y las niñas, pueden devenir, debido a diferentes circunstancias, en una situación objetiva de abuso sexual.

El estatuto psíquico de los padres será de fundamental importancia, pues los fantasmas inconscientes, especialmente los incestuosos, u otros tipos de relaciones objetales parciales preedípicas, supondrá una posible caracteropatía o la descompensación mórbida de la economía libidinal del padre. De esta forma podemos observar como la interacción sexual objetiva en un abuso, se encuentra determinada por los antecedentes en los vínculos libidinales paterno-filiales de tipo perverso e incestuoso.

Esta misma circunstancia puede suceder en situaciones de abuso sexual donde no sea precisamente el padre en abusador, sino otra figura parental, por ejemplo tío, abuelo, primo, o padrastro. En estos casos puede suceder que exista una trama libidinal dentro de la familia de tipo incestuoso sin abuso sexual objetivo, pero que esta figura parental se aproveche de dicha trama incestuosa, lo cual coloca al niño o niña en una situación de extrema vulnerabilidad. Esto es lo que sucede con niños o niñas que han vivido abuso sexual por parte de un familiar y encontramos antecedentes de tramas libidinales incestuosas dentro de la familia, por ejemplo, el que la niña ocupe el lugar simbólico de la madre, o la lógica de la mirada seductora del padre, o el fantasma incestuoso fraterno, entre otros.

El contenido sexual de la interacción durante el abuso sexual resulta altamente traumática debido al lugar simbólico e imaginario de la sexualidad, pues esta cumple una función controladora de la sexualidad y el deseo. La trasgresión de este orden sexual, imaginario y simbólico, supone cierta “mancha” en el historial subjetivo de la persona. Esto sucede especialmente con las niñas, quienes son colocadas en el lugar de “desvirginadas” por parte de la madre, o en el caso de los niños, donde el abuso sexual despierta los fantasmas homosexuales en la familia.

De esta forma, la naturaleza sexual del abuso supone un estigma subjetivo, espacialmente al cambiar el estatus de quién lo padece, pues es un estigma para sí mismo. La eficacia de dicho estigma al ser ubicado en una especie de degradación del ideal de sí mismo, trae consigo serias dificultades en la configuración de la identidad y en la representación imaginaria del propio cuerpo, sin mencionar la activación de la ansiedad sexual.

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