13 sept. 2011

Sanar a través del placer


Sanar a través del placer
Por Miguel Angel Pichardo Reyes

Trabajar en el campo de la victimología y la psicotraumatología me ha dejado una gran lección, pues poco a poco he venido rompiendo con un gran mito, aquel que dice que curar el trauma y sanar heridas es una labor dolorosa, tanto para el psicoterapeuta como para el paciente. De hecho muchas personas se resisten a acudir con un psicoterapeuta porque “no desean tocar esos temas”, porque “van a llorar”, porque si hablan de ello creen que se van a volver “locos”, en fin, muchas de estas frases las he escuchado como un buen pretexto para no tratar sus traumas o heridas. Lo cierto es que muchos de los procedimientos tienden a ayudar a la persona a contactar con su dolor, y ese contacto lo ven como un labor terapéutica en beneficio de la persona, se le solicita que lo “llore”, que lo “saque”, que lo “hable”. Sin embargo, muchas personas llegan al consultorio con un historial de conversaciones donde han podido parcialmente descargar ese dolor y vergüenza, y piensan que con el psicólogo van a realizar lo mismo. Aquí se aplica aquel aforismo que dice, “si no duele, no sana”, nada más falso que esto.

El proceso de sanación no tiene que ser masoquista para el paciente y sádico por el psicoterapeuta, muy al contrario, es necesario reivindicar la sanación de heridas y traumas como un procedimiento lúdico, placentero e hilarante. No se trata de un procedimiento invasivo que busca mantener a la persona en constante contacto con el dolor y el llanto, pues cabe decir que existe una falsa creencia extendida en el mundo terapéutico que hace creer que si se llora se sana, que un buen terapeuta es aquel que te hace llorar, no sabiendo que este acto muchas veces no es necesariamente sanador, liberador y descargador, sino una forma emocional de resistencia y de defensa que puede llegar a niveles patológicos.

Existen psicoterapeutas sádicos que tratan de mantener a sus pacientes en un constante llanto, pues creen que esto los hace eficaces y sensibles, siendo que sumergen a los pacientes en un constante victimismo histérico. Por otro lado, la risa ha sido asociada, malamente, como un mecanismo de defensa (qué sí lo es), siendo que muchos pacientes logran a través de ella generar una forma de soportar y superar ese dolor, pues la risa puede ser una forma efectiva de descarga y liberación tensional (¡un sano mecanismo de defensa!).

Sanar las heridas y los traumas a través del placer es la fórmula de una psicoterapia corporal hedonista, pues en ella se busca ante todo abordar de forma lúdica y placentera lo trágico del trauma. Y la primera labor del psicoterapeuta consiste en habilitar la capacidad y potencia de placer, entendiendo por esto la función organísmica del flujo peristáltico, de contracción y dilatación, del movimiento liberador de la ansiedad, de la descarga placentera del peso de la tragedia. Dicha descarga se realiza a través de la risa, la relajación, la inducción de temblores, el movimiento, la respiración, el contacto piel-a-piel, la música, los aromas, etc. Una sesión de psicoterapia no tiene por qué ser fría y calculadora, sobre todo puede ser un espacio de respiro y relajación, y no una amenaza que pone al paciente en estricta ansiedad y cuidado.

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